
Amatistas
La amatista es la gema más noble y codiciada de la familia del cuarzo, venerada mundialmente por su inconfundible color púrpura, que varía desde un suave lila (lavanda) hasta un violeta profundo e intenso.
Dónde se encuentran: Históricamente, las amatistas más valiosas pertenecían a la realeza rusa extraídas de los Montes Urales. Hoy el escenario ha cambiado: Brasil y Uruguay son los mayores y más prestigiosos productores del mundo, suministrando cristales de tamaño y pureza excepcionales.
Su valor a lo largo del tiempo: Durante siglos, la amatista fue considerada una "Gema Cardenal", tan rara y costosa como el diamante, el rubí, el zafiro y la esmeralda. Sin embargo, en el siglo XIX, el descubrimiento de inmensas reservas en Sudamérica democratizó su uso. Hoy en día, aunque no compite en el mismo nivel de inversión refugio que un Diamante o una Turmalina Paraíba, su valor comercial se mantiene inquebrantable. Es la piedra estrella de la alta joyería para quienes buscan piezas lujosas, llamativas y de gran quilataje a un valor más accesible.
La piedra de la realeza y los íconos: El púrpura siempre ha sido el color del poder.
Las Joyas de la Corona Británica ostentan magníficas amatistas en sus cetros y coronas más antiguas.
La Reina Silvia de Suecia es famosa por deslumbrar con la Parure de Amatistas Napoleónicas, un majestuoso conjunto histórico que perteneció originalmente a la Emperatriz Josefina (esposa de Napoleón Bonaparte).
El ícono de estilo Wallis Simpson (Duquesa de Windsor) eternizó la gema con un extravagante y voluminoso collar de amatistas y turquesas diseñado por Cartier en 1947, marcando una tendencia que perdura en la joyería mundial hasta el día de hoy.
